Sociedad argentina de terapia intensiva

Formando Profesionales en Cuidados Intensivos

LOS RESPIRADORES NO SE MANEJAN SOLOS. Carta de una médica Intensivista

Dra. Laura De Rosa de Vidal. - Jefe Unidad -Terapia Intensiva-

Hospital Pablo Soria- San Salvador de Jujuy-Pcia. Jujuy,

Nunca antes en nuestro país, hemos escuchado repetir con tanta insistencia, incontables veces al día, y en todos los medios de comunicación la palabra “Respirador “asociada a la trágica pandemia de Coronavirus.

¡¡Qué visualización se produjo abruptamente de lo que representan las Unidades de Terapias Intensivas (UTIs)!! Porque allí habitan estas máquinas, claro, pero ¡¡no están solas!! Nosotros, los Intensivistas, estamos muy preocupados porque no es cuestión de comprar respiradores (muy necesarios, obvio), que mágicamente se conectan y se ponen en funcionamiento como si se comprara una tostadora o un televisor. Esto evoca lo que por años hemos venido bregando que se llama Recurso Humano en Salud y particularmente en las UTIs con la competencia más difícil de adquirir y su palabra mágica que se llama Capacitación Médica.

Una Unidad de Terapia Intensiva como la de mi Hospital con 12 camas intensivas y 4 Intermedias tiene más de 40 Enfermeros altamente capacitados, que además de ser profesionales, se especializaron en esta área, más de 20 médicos, la gran mayoría Especialistas de Cuidados Críticos o en vías de serlo y otro tanto personal imprescindible del Equipo de Salud que asisten a los pacientes críticos.

La Unidad de Terapia Intensiva mantiene con vida a pacientes muy inestables, con amenaza inmediata de morir, pero con transitoriedad y reversibilidad, que demanda un accionar conjunto de muchos profesionales actuando en grupo alrededor de una cama, minuto a minuto con seres humanos indefensos y dependientes cien por ciento de las manos que curan y de las manos que cuidan.

¿Y saben otra cosa?, la mayoría afortunadamente sobrevive luego de enormes esfuerzos, día y noche, semanas de lucha, aplicando alta complejización de tratamientos y equipos médicos al principio y progresiva independencia muy planificada conforme van mejorando después. Según estadísticas de nuestra Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), la Sociedad Científica que nos agrupa en el país, la mortalidad puede oscilar entre 15-20% según el tipo de enfermos que se internan.

Me permito decir quiénes somos entonces  los que posibilitamos estos hechos milagrosos de recuperar vida en medio de semejantes situaciones mortales: Todos los que nos hemos capacitado y seguimos haciéndolo, y también capacitamos a otros, ofreciendo contenidos docentes emitidos por esta Sociedad Científica, con los mejores y últimos estándares de calidad, seguridad y medicina basada en la evidencia internacional.

Somos los profesionales intensivistas que hemos transitado años de formación profesional, y que sostenidamente aprendimos a manejar los ahora famosos respiradores” que han tomado el protagonismo exclusivo en esta Pandemia. Porque es claro que el paciente evoluciona a la muerte inmediata de no aplicarlo, y también fallece si lo retiramos antes de tiempo. Invertimos años en aprender a manejar numerosos equipos -complejos y costosos- uno de ellos es éste en cuestión, que sostiene las funciones del aparato respiratorio. Pero no es el único. Hay otros tantos que mantienen y controlan paralelas funciones específicas de órganos vitales, a través de sofisticados mecanismos sin las cuáles no habría recuperación de ningún paciente.

El enfermo crítico es muy complejo, y cuesta aprender esta Especialidad- como seguro tantas otras de la medicina actual. Desafortunadamente no se cubren los cupos de las Residencias Médicas de Medicina Intensiva, y muchas quedan desiertas, otras apenas funcionan. Se invierte en los que se animan a elegirla. Tenemos en el país residencias muy prestigiosas que nos enorgullecen, en los mejores hospitales, pero ocupadas a veces por alumnos extranjeros, que vienen al país y luego se vuelven al terminar su formación. La Especialidad no es atractiva para los locales porque lamentablemente está hundida en la desesperación económica de tener que vivir realizando dos y hasta tres guardias semanales mal pagadas para poder subsistir.

Nunca se ha reconocido económicamente a una de las más expuestas situaciones laborales en la medicina toda, desde lo físico (porque hay que estar sano para hacer las desgastantes jornadas de guardia), sino mucho más desde la demanda emocional, conteniendo a familiares que súbitamente se enfrentan con el verdadero peligro de muerte de un ser querido, que hasta hace un rato antes, había partido a una fiesta en su moto, sin hábito de colocarse casco, o que descompensa enfermedades crónicas luego de una cirugía programada, o sufre una agresión por terceros o violencia de género, infecciones, lesiones encefálicas, embarazos complicados, diabéticos descompensados…..en fin, tantos cuya lista es imposible de enunciar.

Tremenda exposición laboral fatiga y quebranta a cualquier persona. Y lo triste que muchas veces no alcanza para cubrir necesidades imprescindibles, y ni hablar de viajar a un congreso o invertir en otras capacitaciones. Se suma a lo relatado que no están previstas vacaciones ampliadas o días de descanso extra profilácticos. Y muchos no están trabajando en blanco. Por eso es tan frecuente el síndrome de burn out o del “quemado” que se encuentra en más del 60 % del personal de las UTIs, tal como se desprende de estadísticas confiables de la SATI. Es la enfermedad provocada por el stress crónico y la hiperexigencia laboral continua.

Este escenario no es para nada apacible, las horas dentro de la Unidad de Terapia Intensiva están llenas de imprevistos, descompensaciones, emergencias varias, incertidumbres continuas, sumado a alarmas que suenan, respiradores que hay que atender en forma inmediata, camillas que ingresan con pacientes nuevos, teléfonos que no paran de sonar, llamados del interior de la provincia para derivaciones En fin…un día normal en una jornada tranquila…. ¿Y saben otra cosa? todos los pacientes críticos están conectados a respiradores. Hay que controlarlos como si fuesen bebés recién nacidos porque una complicación inadvertida arrastra un desenlace fatal para el paciente a corto plazo, y termina una ardua labor que venía satisfactoria de días o semanas.

Somos la columna vertebral de todas las situaciones críticas en las diferentes especialidades médicas. Ninguna está exenta. Cualquier médico de la especialidad que sea, si asiste a un paciente grave, lo derivará indefectiblemente a la Unidad de Terapia Intensiva.

Este hecho tan familiar y cotidiano, lo desconocen quienes livianamente hablan de comprar respiradores como si así se resolvieran los problemas que nos aquejan hoy. ¡¡Yo diría que recién empiezan!! Ojalá fuese tan sencillo y tan mágico capacitar al profesional como se aprende a manejar cualquier equipo hogareño de la vida diaria: enchufes, prueba – error y listo. Si no funciona lo devuelvo. Aquí estamos hablando del valor supremo que es la vida del individuo.

Tomamos decisiones pautadas, nunca improvisamos y los ahora tan famosos Protocolos, para nosotros son de uso diario. Contamos con protocolos de diagnóstico y tratamiento de cada una de las enfermedades que nos ocupan. Los mismos se discuten en la Revista de Sala todos los días, con liderazgos sólidos y compartidos por diferentes competencias, con un plan trazado para aplicarlo en cada paciente en particular, ajustado a su situación del momento, que garantice que se le ofrezcan puntualmente las mejores oportunidades disponibles, basadas en la ciencia y las recomendaciones mundiales, actualizadas en cada Congreso . Cada decisión implica un proceso de razonamiento, conocimiento y experiencia aplicados hora tras hora conforme cambian los pacientes. Todo es dinámico y está basado en la esmerada continuidad de los cuidados.

Pero para todo lo expuesto se impone la Capacitación

No sin saber (y temer) de la peligrosidad que existe, real y concreta para nosotros y nuestros seres queridos, estaremos a la vanguardia dando lo mejor de nosotros para sumar en esta guerra atroz, con cada paciente que ingrese a nuestras manos.  

¿Y saben otra cosa más? Abusando de su tiempo les digo, tanto que sufrimos, lloramos, nos desvelamos… finalmente lo logramos, y es una fiesta, nos regocijamos y tenemos infinita satisfacción compartida cuando un paciente se recupera!! Cuando se va de la UTI, saluda agitando su manito en la camilla o silla de ruedas, nos sonríe, se despide, y estamos todos alrededor, entre lágrimas despedimos felices a un paciente porque logramos ayudarlo a salir con vida de esta encrucijada que parecía irremontable semanas atrás. Y ni hablar si vuelve caminando después a despedirse para ir con los suyos. Sentimiento profundo de labor cumplida.

Esta singular y única experiencia no tiene precio, no se compra, no se vende y atraviesa la Dignidad humana en toda su extensión y magnitud. Es sin duda alguna, el oxígeno tan preciado que los intensivistas médicos, enfermeros, kinesiólogos y personal todo, necesitamos imperiosamente para seguir existiendo en este escenario tan extraordinario que acabo de describir.

Por todo esto, CUANDO HABLEN DE RESPIRADORES lo correcto es hablar de los Profesionales a cargo, del Recurso humano, de todos nosotros, del personal que deja el pellejo allí día tras día y nadie ha reparado hasta ahora, en anonimato total, y por un salario muy por debajo de la tarea que se entrega y que encima no alcanza para vivir con dignidad. Y en esto seremos firmes y oportunos: No nos pidan a los profesionales de la salud que hagamos justicia distributiva con los respiradores, decidiendo con carga moral y ética desbordante quién sí y quién no. Le corresponde al Ministerio de Salud bajar las asignaciones y ser responsables moral y legalmente de esta decisión.

Por todo lo expuesto digo con mucho afecto: Lamento que sea en este terrible entorno, pero es bienvenida la visualización. Esta Pandemia infame pone a prueba lo mejor de nuestros valores morales y éticos, y también la falta de ellos… las improvisaciones, la ausencia estructural de una planificación en Salud Pública y el absoluto menosprecio e indiferencia laboral.

Sin dudas también es una oportunidad única para crecer, avanzar, valorizar y proteger sectores postergados que SE HAN IGNORADO SIEMPRE… hasta la aparición trágica y dolorosa de este virus nuevo que carece de vacunas.

Albergamos la íntima esperanza compartida por el conjunto de nosotros de una pronta recuperación de este trágico problema mundial, que tiene en vilo y ha equiparado -casi diría como nunca se ha visto- tanto a países pobres como ricos sin distinción de ningún tipo en todo el planeta.

Para terminar, algo cortito, profundo y muy personal, si volviera a nacer, si me dieran de nuevo a elegir... Empecinadamente volvería a ser Médica Intensivista y a participar de este Equipo de Salud que orgullosamente integro desde hace casi 35 años.

04.04.2020